jueves, 18 de agosto de 2011

En todas partes te busco

Corintios 1:13
Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles,

si me falta amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios - el saber más elevado -,
 aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta amor nada soy.
Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo,
pero para recibir alabanzas y sin tener el amor,
de nada me sirve.
El amor es paciente y muestra comprensión.
El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla.
No actúa con bajeza ni busca su propio interés,
no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.
No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad.
 Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.
El amor nunca pasará.
Las profecías perderán su razón de ser,
callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado.
 Porque este saber queda muy imperfecto,
y nuestras profecías son también algo muy limitado;
y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá.
Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño.
 Pero cuándo me hice hombre, dejé de lado las cosas de niño.
Así también en el momento presente
vemos las cosas como en un mal espejo
 y hay que adivinarlas
, pero entonces las vemos cara a cara.
Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como soy conocido.
Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor;
las tres,
pero la mayor de estas tres es el
 amor.



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